Anomia Social

 Esta ola llamada “delincuencia común” que está afectando en forma  brutal a nuestras capitales, tiene causas mucho más complejas que las que denota. Es evidente que una constante para la acumulación de riqueza es la trasgresión de las fronteras legales. La Historia es elocuente. Pero sucede que, el tiempo no pasa por gusto y que, al igual que tanto va el agua al cántaro que se revienta, las sociedades también se desbordan, sucumben, fenecen.  Y no por culpa de sus pobladores sino por la de sus gobernantes.  En sociedades donde sólo una minoría participa de la riqueza y el bienestar, los sectores de bajos recursos  serán siempre considerados como una amenaza. Por esto, el abandono y la ignorancia en la que viven ciertos grupos sociales, ahora es proporcional al desarrollo de la urbe que los aloja. Este fenómeno es producto de la anomia social.

 La Anomia es indicador del proceso de declive de una sociedad. Existe anomia cuando las Instituciones del Estado tienen el efecto contrario del que era su fin original. Esto demuestra que el sistema político, económico y social aplicado ha fracasado. Por lo tanto, tiende a extinguirse.  Existe anomia, cuando la escuela en lugar de educar, deprava; cuando en el hospital se corre el riesgo de morir; cuando los jueces están comprados; cuando la policía es corrupta; cuando los empleos son una estafa…  La anomia puede detenerse, pero sus efectos son irreversibles. Porque el individuo que comprueba que la justicia por su mano es más efectiva, jamás recurrirá a una corte ¿Para qué trabajar si puede robar? Es impresionante, como en poco tiempo la perdida de  valores puede menoscabar miles de años de desarrollo cultural. Reestructurar una sociedad es una tarea dura dónde no queda tiempo para buscar culpables. Lo más viable es una concertación entre los diversos grupos que conforman estas sociedades y atender los reclamos genuinos de los sectores más necesitados. 

  

 

 

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