-¡Por fin!
Bajó del avión con su modesto equipaje y reventando de esperanzas. No planeaba volver, era un hecho. Tenía apuntado en su libretita verde el número telefónico de su amiga del colegio, el del chico de su barrio, el de la señora del trabajo… El corazón le iba a explotar…
-Vas a ver que, al toque, un gringo se enamora de ti… – le dijo su hermana en roncitos, la noche de su despedida.
Aquellas palabras resonaban todavía en su cabeza. Es guapa… Y jamás le ha faltado pretendientes… Pero la chata venía a Estados Unidos para trabajar, no a buscar marido. Así que, caminó derechito al teléfono público para llamar a su amiga y empezar una vida nueva.
-¡Uf!… ¡Qué calor!
Es bajita pero curvilínea. En verano le encantaba ir a la playa y ponerse negrísima, con su tanga roja que le ha durado tanto tiempo. Cada fin de semana se metía al cine. Aunque fuese para ver una película mala, con tal de darse una vuelta con sus amigas del barrio o con su enamorado…
…Lo malo es que ganaba una miseria, pues…
Su papá era relojero y su mamá murió arrollada por un microbús, justo en la esquina de su casa. Fue un accidente atroz que conmocionó al vecindario. Su hermana mayor se hizo cargo de la casa. Pero la plata no les alcanzaba para nada. Porque el esposo se había largado con otro compromiso y tenía que alimentar sola a una escalerilla de mataperros en pañales.
Pocas semanas antes de su partida, la hermana se había quedado sin empleo a causa de un intempestivo despido masivo. Entonces, sí, que las cosas empeoraron…
…Había un montón de razones para marcharme…
-Te juro papito que ni bien llegue me consigo un trabajo y, al toque, te estoy mandando platita… No te preocupes, viejito… Ya vas a ver… En un año vengo de visita… Y, de repente, nos vamos todos… -, le dijo al despedirse en el aeropuerto.
Aún despierta sobresaltada, arrepentida de no haberlo apretado un poco más.
… Es que no quise ponerme sentimental…
En la aduana le registraron la maleta hasta los forros y le dieron de ingreso tres meses. También incautaron la bolsita de chancapiedra que su papá le puso en el bolso de mano. La amiga esperaba afuera con el motor del auto encendido. Al verse, se abrazaron con euforia… Pero la emoción se acabó rápido. El esposo, aburrido de tanto afecto, pitó el claxon haciéndolas saltar a sus respectivos lugares en la camioneta.
Los primeros meses se la pasó cuidando a las hijas de la amiga. Un par de gemelas caprichosas que se divertían calumniándola en inglés con el papá. El gringo, por supuesto, les creía todo lo que decían sus querubines.
-En esta país lous niñous nou mientan…
La chata no tenía privacidad ni para llorar. Dormía sobre un colchón delgadito que tiraba en el piso junto a las camas de las malas semillas y toda la noche estaba pendiente, atendiendo sus necesidades. Pero tampoco podía dormir. Le angustiaba pensar si su familia tendría para comer. En las mañanas se levantaba adolorida y casi ni comía para no molestar. La chata se puso flaquísima.
Una tarde, la chata habló con su amiga acerca de la difícil situación económica por la que su familia atravesaba, planteándole la necesidad urgente de percibir algún ingreso económico. Entonces, a escondidas del marido, la amiga le prestó su número del Seguro Social y le consiguió un trabajito bañando perros en la veterinaria dónde ella trasquilaba al suyo. El gringo odió a la chata a muerte. Y tuvo que ofrecerle más a su antigua niñera para que regrese.
Pero se vengó cobrándole por el cuarto, mejor dicho, por el piso del cuarto… La chata salía al amanecer y regresaba ya bien entrada la noche muerta de cansancio. Para no tener que caminar como veinticinco cuadras de ida y de vuelta se compró una bicicleta de segunda mano y en ella trajinaba por toda la ciudad.
Las noticias que recibía del Perú eran desgarradoras. Su papá perdió el negocio al poco tiempo de su partida. Uno de los mataperros enfermó de las amígdalas y tuvo que descompletar una letra para hospitalizarlo. Para colmo, a la hermana le diagnosticaron diabetes… Necesitaban plata ¡Urgente!… Pero la chata los tranquilizó contándoles que ya tenía trabajo…
-No se preocupen… Todo se va a arreglar. Ya van a ver…
Cada sábado pedaleaba desde Kendal hasta la Pequeña habana, para mandarles dinero a su gente. Conteniendo las lágrimas regresaba rendida deseando que fuera el día siguiente para continuar trabajando…
Una noche su amiga la recibió con una cara de a metro.
-¿Cómo era posible? ¿Se creía que su casa era un hotel? ¡Te me largas ahorita mismo! ¿Crees que no puedo denunciarte a migraciones?… ¿Ah?… ¡Perra!… ¿Dónde están los ganchitos de pelo de las niñas?… ¿Y las demás cosas? ¿Crees que no me doy cuenta que todo se lo mandas a los muertos de hambre en Lima?… ¿Ah?… ¡Mis hijas no mienten! – Y la puso con su maleta de patitas en la calle. Previa registrada, por supuesto. El gringo nunca despegó la vista de su periódico, tampoco dejó de comer sus Tostitos con salsa.
Deambuló como un alma en pena durante horas hasta que se le acabaron las lágrimas. La chata nunca supo con exactitud qué se les perdió a las gemelas. Más tarde, recordó que esa mañana la niñera no le dio cara y que se escabulló con el rabo de paja. Al amanecer sacó su libretita verde y llamó a su amigo del barrio que la acomodó en su garaje. El chico estaba casado y, al toque, la mujer se puso celosa. Así que, se tuvo que ir en unos días.
Rodó un par años como una gitana de aquí para allá, compartiendo techo con mucha gente. Se dedicaba igual a la limpieza como a la cocina o a cuidar ancianos… Pero no lograba ser constante con sus envíos de dinero a Lima. Pasó mucho tiempo para que pudiera encontrar un trabajo fijo, comprar un carro y alquilar un departamento.
La muerte de su papá la agarró de sorpresa. Hasta ahora lamenta no haber podido pasar esos últimos años con él ¡Ni siquiera sabe dónde está enterrado! Cuánto le pesa no haber apretado un poquito más fuerte a su pobre viejo, que se murió esperándola.
Compró a crédito muebles, artefactos, ropa y montones de regalos para mandar a Lima… ¡Compró y compró! Terminó comprándose un perro para tener con quién hablar… ¡Quería recuperar el tiempo perdido!
Los sobrinos crecieron y aprendieron a pedir, aunque ni siquiera se acordaban bien de ella. La chata se desvivía por mandarles sus gustos y las mejores marcas. Trabajaba como una hormiga para pagarles los estudios, los uniformes, las pensiones y lo demás… ¡Lo pagó todo! No tuvo tiempo ni para buscarse un novio…
Cuando la hermana falleció mandó por los tres adolescentes que, le sacaron el jugo durante años y hoy andan mal acostumbrados, metidos en las discotecas despilfarrando lo poco que ganan…
-Parece que fue ayer cuando llegué… – se dijo el otro día que regresó cansada del trabajo.
Mientras lavaba su uniforme y se preparaba la cena, recordó que hacía más de quince años que no iba al cine y que, en todo ese tiempo, no había hecho una amistad verdadera… Que jamás había vuelto a disfrutar de un mes de vacaciones, como cuando trabajaba de secretaria en Lima… Tampoco sabría qué hacer con tanto tiempo libre… No había vuelto a broncearse en la playa. Nunca había vuelto a subir un cerro, mucho menos, había gritado de felicidad…
-¡Sí, que no he hecho nada!… Sólo ir y venir del trabajo al supermercado…
El día que sus sobrinos cumplen años recogen sus regalos y se largan con las mismas ¡Ni le hablan!… En su casa ya no hay nada divertido…
-¡Ah! ¡Pero, qué bueno fue esperarlos!… Junté para sus pasajes, les compré todo nuevo, los vestí a la moda… A esos niños no les faltó nada ¡No podrán quejarse!…
La chata no sabe qué hacer con su vida… Aunque todavía se siente fuerte, a prueba de bombas. No tiene crédito… Los estudios de los chicos la han dejado endeudada hasta el cuello. Pero ha empezado a ahorrar nuevamente. Desea regresar al Perú… Ya ni se acuerda cuando fue la última vez que se hizo una mamografía… También necesita arreglarse los dientes… Tal vez hasta jalarse las arruguitas… A ver si se le quita esa expresión de fracaso que cada mañana intenta disimular con montones de cosméticos… Por eso no quiere irse sin plata.
¿Qué va ha hacer con todo lo que ha comprado?… La chata se ha resignado a regresarse sin nada… Sin embargo, aún el corazón le palpita fuerte cuando piensa en el futuro. No cree que sea demasiado tarde para nada y se ha jurado que subirá a ese avión de regreso, pase lo que pase.


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Por: El proximo abrazo apriete fuerte, por favor el Agosto 30, 2009
a las 2:28 am